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LOS NEOCOMS (neocomunistas)
David Horowitz • 11 Ene 2005
Publicado originalmente en GEES
Iconografía comunista soviética
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AS GUERRAS son una prueba de la lealtad, del compromiso y de la inteligencia política de los ciudadanos; el test del final de la guerra puede aportar datos tan reveladores como su inicio. Un hecho llamativo de las manifestaciones "pacifistas" contra la Operación Libertad Iraquí fue que la izquierda fue capaz de movilizar más manifestantes en tres meses - desde la fecha límite de la ONU del 7 de noviembre hasta el inicio de la guerra en marzo - de lo que la nueva izquierda pudo movilizar en los primeros seis años de la Guerra en Vietnam. (La primera de estas manifestaciones anti - Vietnam, que yo ayudé a organizar, tuvo lugar en junio de 1962 en la Universidad de California, Berkeley, con menos de un centenar de estudiantes). Lo mismo se cumple en las manifestaciones por todo el mundo contra la guerra para derrocar al dictador iraquí Saddam Hussein.

Tanto la rapidez como el tamaño de la movilización anti-Irak indican que no fue meramente —y no principalmente— una respuesta a la guerra en particular o a los temas que la definieron, sino la expresión de una actitud hacia el propio poder americano. Por otra parte, el mismo crecimiento rápido de las protestas antes de que los hechos las acompañaran (verbigracia, el "quagmire" de la Guerra de Vietnam, las bajas amontonándose sin resultado aparente) indica que la posición hacia el poder americano es relativamente inmune a las costumbres que tiene el poder. Pudo verse este fenómeno en las manifestaciones tras el 11 de Septiembre, que movilizaron a decenas de miles de estudiantes americanos antes de que América levantara un dedo en respuesta. El propósito de las manifestaciones era protestar contra cualquier respuesta militar de América a un ataque terrorista.

La misma actitud se puso de manifiesto en un suceso que tuvo lugar cuando había concluido la fase militar de la Operación Libertad Iraquí, es decir, después de que el régimen de Bagdad había sido derrocado rápidamente con bajas limitadas y sin reacción significativa de "la calle árabe". En abril del 2003, menos de una semana después de que fuerzas británicas y norteamericanas hubieran liberado Irak, y después de que los vencedores hubieran abierto las prisiones de Saddam, desmantelado las cámaras de tortura, enviado grandes cantidades de comida y medicinas a la población iraquí y comenzado a montar el primer régimen de Irak en la historia que no sería una monarquía o un tribunal militar, o una dictadura fascista y cámara de los horrores - por esta misma época - la junta superior de la Universidad de California en Los Ángeles votó para "condenar" la "invasión norteamericana de Irak".  La sesión extraordinaria fue convocada con el único propósito de expresar la condena. La votación fue de 180 a 7 a favor, dado que en la universidad tal opinión radical era simplemente el pan de cada día.

Los profesores también votaron para "deplorar la doctrina de la guerra preventiva que el Presidente ha utilizado para justificar la invasión" [1] y para "oponerse al establecimiento del protectorado americano en Irak", aunque el Presidente justificó realmente la liberación de Irak bajo la resolución 1441 de la ONU (que ordenaba al régimen que se desarmara inmediatamente) y aunque nunca se contempló "protectorado americano" alguno.
Es decir, el 95% de los miembros del organismo facultativo de una de las instituciones académicas mas prestigiosas de América es de la opinión —sin ninguna prueba visible que apoye tal opinión— de que su propio país es un agresor peligroso e imperialista, dedicado a adquirir el control de una nación soberana. Llegaron a esta conclusión a pesar de los muchos hechos contrarios. Ésta era una guerra en la que ya había quedado demostrado que ni siquiera el ejército iraquí o su élite, la Guardia Republicana, tenían la voluntad de defender a su dictador, y que el pueblo iraquí que recibió cálidamente a las tropas "invasoras", consideraba a americanos y británicos sus liberadores.

El co-autor de la resolución de la UCLA, el profesor Maurice Zeitlin, es un izquierdista que resulta que conozco desde hace 40 años, desde el momento en que los dos llegamos a la Universidad de California para cursar la licenciatura a comienzos de los años 60. Zeitlin era marxista (como yo), y en 1961 publicó uno  de sus primeros libros dando salvas al triunfo de la revolución comunista en Cuba. [2] En octubre de 1997, Zeitlin dio un discurso en un simposium de la UCLA sobre las utopías del siglo XX, invocando al difunto Che Guevara, que había intentado una vez incitar una guerra civil internacional, llamando a la creación de "dos, tres… mucho Vietnams". Zeitlin reafirmó su fe sostenida en la causa que Guevara simbolizó: "El Che [Guevara] fue sobretodo un socialista revolucionario y un líder de la primera revolución socialista de este hemisferio. Su herencia se incorpora al hecho de que la revolución cubana está viva hoy a pesar del colapso del bloque soviético… No hay justicia social posible sin una visión como la del Che".[3] 

En otras palabras, durante 40 años, el co-autor de la resolución anti - Irak de la UCLA ha seguido siendo un pequeño comunista "c", o —como prefiero llamarlos— un "Neocomunista", que significa un radical político y un opositor confeso a América y a su democracia capitalista. La resolución de la UCLA es una expresión de esos compromisos más que una reacción a una política o a una guerra en particular.

La resolución de la facultad de la UCLA se hizo eco de un suceso igualmente iluminador semanas antes en un "aula en la calle" (un modo de protesta inventado en los años 60). Durante esta protesta pacifista liderada por 30 académicos de la facultad de Columbia, uno de los profesores, Nicholas DeGénova, declaró que cada opositor honesto a la guerra de Irak debía desear que América perdiera, y que por su parte, él deseaba "un millón de Mogadishus". (DeGénova se refería a un incidente en 1993 en el que 18 soldados americanos fueron asesinados en una emboscada de al-Qaeda en Somalia.[4])

La reacción negativa a la declaración de DeGénova fue tan fuerte que los organizadores de Columbia, encabezados por el presidente de izquierdas del izquierdista Departamento de Historia de Columbia, Eric Foner, se distanciaron inmediatamente de la imagen de DeGénova. En palabras de Foner, "no deseamos las muertes de soldados americanos".

El efecto inmediato del gesto de Foner fue el oscurecimiento de que la verdadera opinión universal de DeGénova - que llevó a una cita políticamente incorrecta - era compartida por los presentes, incluyendo al propio Foner.

Esto fue evidente cuando DeGénova intentaba explicarse a continuación en una entrevista con el The Chronicle of Higher Education. [5] En la entrevista, DeGénova niega categóricamente que quisiera que los soldados americanos murieran, y explicaba por qué se había referido a Mogadishu en el contexto de Irak: "Me refería a lo que Mogadishu simboliza políticamente. La invasión norteamericana de Somalia fue humillada (sic) de un modo aplastante por el pueblo somalí. Y Mogadishu fue el primer símbolo de ello".

El comentario de DeGénova es virtualmente idéntico a la reacción de Noam Chomsky a los atentados del 11 de Septiembre. [6] Chomsky es un líder intelectual de la izquierda pacifista que ha escrito un libro con estas reflexiones que ha vendido más de 200.000 ejemplares. En opinión de Chomsky, las muertes del World Trade Center fueron deplorables, pero la humillación sin precedentes del poder imperialista —América— fue una victoria histórica de justicia social y progreso humano. [7]

En la entrevista del Chronicle, DeGénova explica que también había trazado una analogía entre Mogadiscio y la lección histórica de Vietnam en Columbia. "Lo que intentaba destacar era que la importancia de Mogadiscio es que [fue] una derrota de la maquinaria bélica de Estados Unidos y una victoria para la causa de la autodeterminación humana".

DeGénova no explicó cómo era un triunfo de la autodeterminación la masacre de 2 millones y medio de camboyanos y de 100.000 vietnamitas a manos de los victoriosos comunistas tras la derrota de América, por no hablar de la colonización del sur de Vietnam y Camboya por el régimen de Hanoi. Pero sí que elaboró la importancia actual de la distorsión histórica. "La analogía entre Mogadiscio y Vietnam es que fueron derrotas del imperialismo norteamericano... La analogía entre Mogadiscio e Irak es simplemente que hubo una invasión de Somalia y hubo una invasión de Irak".

Por supuesto, no hubo invasión de Somalia, las tropas norteamericanas no fueron enviadas a Mogadiscio en una misión militar, sino a alimentar a los hambrientos musulmanes somalíes. El compromiso del ejército se vio frustrado porque un señor de la guerra local de al-Qaeda, de nombre Aidid, robaba la comida antes de que llegara al pueblo somalí y los americanos fueron enviados para intentar capturar al ladrón.

Me juego el cuello y no lo pierdo a que ni un sólo manifestante del acto de Columbia, ni un sólo firmante de la resolución de la UCLA, ni muchos de los 14.000 profesores que firmaron una petición de protesta contra la guerra, discreparía de la lectura de DeGénova de esta historia de Vietnam, Mogadiscio e Irak.

Esto se confirma en una declaración pacifista representativa de la mano de Michael T. Klare, Five College Professor de Estudios de Paz y Seguridad Mundial en Hampshire y otros cuatro centros, [8] y un firmante de la petición de los profesores de izquierdas. Klare es también un colaborador regular de The Nation, en donde hace apología de la expansión soviética, y un firme opositor a la política americana durante la Guerra Fría.

Más de un mes antes de que comenzaran las hostilidades en Irak, Klare redactó un artículo en The Nation titulado "Resistir la guerra y al imperio". Mientras los inspectores de la ONU llevaban a cabo sus inspecciones, mientras el mundo esperaba para ver si Saddam Hussein se desarmaba, mientras los rusos intentaban que Saddam renunciara, y antes de que se disparara un solo tiro o se desplegara una tropa, Klare publicó este llamamiento dramático: "El movimiento pacifista debe prepararse para librar una lucha a largo plazo contra los designios imperiales de la Administración en el golfo. Estos planes deben ser denunciados como lo que son: una apropiación clásica del poder político y los recursos materiales (especialmente petróleo) por la fuerza material, enmascarada como una campaña por la democracia". Vladimir Lenin no podría haber elegido sus palabras más apropiadamente.

Lo que revela el prólogo a la guerra y a sus consecuencias es que los hechos de la guerra no son el tema de la izquierda "pacifista", ni tampoco lo es la guerra en sí misma. La así denominada izquierda "pacifista" es un movimiento Neocomunista que fue iniciado hace 40 años bajo la pretensión de ser una "nueva izquierda", y ha estado en guerra con el "imperio americano" desde entonces. Durante estos años de lucha con los comunistas de Europa Oriental, la Unión Soviética, China, el sureste de Asia, África y América Central, y durante la resaca de la liberación de un billón de habitantes del imperio soviético por América, esta izquierda ha sido impermeable a cada buena obra que América ha hecho, y a cada mala obra que los marxistas y hoy Islamo-fascistas enemigos [de América] han cometido. En su lugar, esta izquierda "pacifista" atribuye implacablemente las malas obras de los enemigos de América a la propia América —de ahí la búsqueda de la "causa raíz" cada vez que América es atacada.

La izquierda Neocomunista se opone los esfuerzos de América por promover la libertad, y apoya (a veces "críticamente") a los enemigos declarados de América, no por lo que América haga, sino por lo que creen que es América. La izquierda Neocomunista es impermeable a los hechos porque es un mesianismo político, esencialmente un movimiento religioso. Sus espejismos de rescate social se alimentan con una dieta rica en mitos antiamericanos. Estos mitos fueron generados una vez en las instituciones financiadas por el Partido Comunista y por otras sectas radicales marginales. Pero todo eso ha cambiado con la larga marcha de la izquierda durante los últimos treinta años por las instituciones de enseñanza superior de América. La izquierda Neocomunista está atrincherada hoy en las facultades de las universidades de élite de América, donde es una fuerza "hegemónica". Ha convertido las universidades de la élite de América en una plataforma política para sus agendas radicales y antiamericanas. En la actual guerra contra el Islam radical, esto supone un problema que los americanos sólo pueden continuar ignorando a su propia costa, y al que antes o después tendrán que hacer frente.

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NOTAS
[1] Ver War Room # 10, "Prevención: Llevar la guerra al campo enemigo".
[2] Cuba: Tragedia en nuestro hemisferio. Robert Scheer, columnista del LA Times y profesor de la USC, es co-autor.
[3] Argiris Malapanis, simposium de la UCLA, "LA Symposium debates Che and the Cuban Revolution", The Militant, 24 de noviembre de 1997
[4] Ver War Room # 8, "El momento de la verdad (para la izquierda anti - americana)".
[5] Thomas Bartlett, "El profesor más odiado de América", The Chronicle of Higher Education, 18 de abril del 2003.
[6] Noam Chomsky, 9-11, Boston, 2001
[7] Cf. David Horowitz, El ayatolá del odio anti - americano, un folleto del Centro para el Estudio de la Cultura Popular, Los Ángeles, 2001
[8] Klare enseña en rotación en Hampshire, Amherst, Mount Holyoke, Smith, y la Universidad de Massachusetts (Amherst).

[c] COPIALIBRE. Autorizada su reproducción. No es necesario citar la fuente.
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