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NOTA: Las secciones 'Diario de a bordo' y 'Ojalá', se renuevan los martes, miércoles, jueves y viernes. La sección de 'El Púgil' se renueva todos los martes.
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EL MORLACO YA MIRA AL BULTO
El ridiculismo de nuestras élites
Pi y Margall
ANTONIO YUSTE
EN LA HORA DE imaginar el mundo y la organización del Estado la imaginación, con frecuencia, produce monstruos. En su obra Las Nacionalidades, Pi y Margall, muy desacreditado por los cachorros nacionalistas de hoy, desde Jordi Pujol hasta Puigcercós, escribió "Yo estoy porque, en vez de agitar el mundo para reconstituir naciones, fundándonos, ya en la identidad de raza, ya en la de lengua, ya en la de creencias, ya en las llamadas fronteras naturales, agitación que no puede menos de traer incesantemente perturbado el orbe, se trabaje en todas partes por que se restituya la autonomía a los grupos que antes la tuvieron, dejándolos unidos a los actuales centros sólo para la defensa y el amparo de sus comunes intereses". Imaginó y así los escribió que "La federación es un sistema por el cual los diversos grupos humanos, sin perder su autonomía en lo que les es peculiar y propio, se asocian y subordinan al conjunto de los de su especie para todos los fines que les son comunes. Es aplicable, como llevo dicho, a todos los grupos y a todas las formas de gobierno. Establece la unidad sin destruir la variedad, y puede llegar a reunir en un cuerpo la humanidad toda sin que se menoscabe la independencia ni se altere el carácter de naciones, provincias ni pueblos".

Puestos a imaginar… Pi y Margall tenía en la cabeza un todo feliz y espontáneamente orgánico y sin fisuras utilizando la federación como palabra mágica, como fetiche, para llegar al gobierno universal espontáneo por acumulación de federaciones. Se federan los municipios, los municipios se federan en provincias, las provincias en naciones, las naciones en continentes y los continentes entre sí para constituir la FPT, Federación de la Especie Humana del Planeta Tierra, con un Presidente Federal Universal, jefe supremo de los cinco continentes, y Jefe de Gobierno del Planeta Tierra. Es difícil no caer rendidos ante tanta armonía. Así se organizan los partidos políticos en el mundo entero, siguiendo el modelo federal, que es el modelo del centralismos democrático y donde a la postre el jefe termina cooptando a todos los cargos del partido, hasta el nivel del conserje. Y así es como imaginaba Pi y Margall su República Federal, cuando la proclamó en 1873, con Figueres, Salmerón, Castelao y otros, una unión sucesiva de federaciones hasta llegar de manera espontánea a la República Federal. El imaginó un todo orgánico, coherente y feliz y lo que ocurrió es que todos entendieron que cada uno aporta a la República lo menos que puede y toma de ella todo lo que es capaz de imaginar y quedó otra parte, la mayoritaria, que siguió pensando, en razón, que España era asunto de mayor cuantía. Que afirmaba que España, el todo, era muy distinto a la suma de las partes. La mayoría, el pueblo español, el pueblo garbancero, conocía bien la naturaleza y resulto ser mejor biológo, menos primario, infantil y asnado que sus élites. Lo que le pasó a la I República es bien conocido, se produjeron las sublevaciones cantonales, que extrañamente, sin armonía, aspiraban a federarse consigo mismas.

Los federalistas de la primera república terminaron aceptando que su fracaso se debió a que no se daban las condiciones sociales y políticas para su éxito. Vaya por Dios. ¿Después de siglo y medio, pregunto, ya se dan las condiciones sociales y políticas? Parece que seguimos como entonces. En aquellas fechas se pretendió la República Federal y no pudo ser y en las presentes se aspira a la secesión y todo indica que tampoco será posible. ¿Qué fracasó entonces y qué fracasa ahora? Yo digo que fracasaron los impulsos federalistas de entonces y fracasará el vibrante secesionismo de nuestros días por idénticas razones.

Estamos hablando de un fracaso que responde al mismo patrón. Lo resumo y lo subrayo, no hay base social para dicho proyecto o lo que es lo mismo a dicho proyecto le
falta pueblo y le falta cerebro, aunque le sobren élites e instituciones. En pocos países es tan cierto que la soberanía nacional reside en el pueblo. Nuestras élites políticas y académicas no acaban de aceptar que en España manda el pueblo a pesar de sus perpetuos intentos, constantes, de saltarse el pueblo a la torera o tomarse al pueblo por montera.

En España, y es de lamentar, se reproduce de manera recurrente la misma circunstancia histórica. Un pueblo que deja hacer, que prefiere confiar en sus élites y unas élites que interpretan el consentimiento como licencia para sus pasmantes enredos. Es una asignatura que tenemos pendiente los españoles, dotarnos de un modelo institucional que nos permita romper el círculo vicioso y protegernos de la recidiva del
ridiculismo, la enfermedad histórica de nuestras élites.

El
ridiculismo es una afección política, un mal endémico que padecen nuestras élites políticas, que se transmiten de generación en generación y que tanto afea nuestra historia. Doy en pensar que al soberano, al pueblo garbancero, tan denostado por nuestras élites políticas, le ha llegado la hora de poner orden. Nuestras élites políticas, al día de hoy, no acaban de aceptar que España no es Francia, Alemania o el Reino Unido, que en España manda el pueblo y es al pueblo al que hay que mirar, al que hay consultar sin trucos y de frente. Al pueblo español se le torea porque se deja. Nos gusta la fiesta. Pero si la fiesta se enturbia vamos al bulto. Algo tan elemental, tan contrastado, con abultada base empírica, simple y sencillo, no acaba de ser captado por nuestras élites, debido sin duda, a esa terrible afección que padecen: el ridiculismo. Un mal congénito desde el primer austria, desde los Habsburgo.

Los federalistas de 1873 se quedaron solos. A las elecciones de mayo de aquel año no acudieron los monárquicos, no acudieron los partidarios de una república unitaria y no acudieron los incipientes movimientos obreros socializantes. Participó apenas un 40% del electorado, los candidatos federalistas ganaron en casi todas las circunscripciones y como era de esperar se dividieron en mil facciones. No había
pueblo. En el actual proyecto secesionista de catalanes, vascos y gallegos, al que hay que unir los proyectos totalitarios de inmersión lingüística les pasa otro tanto, no hay cerebro y tampoco hay pueblo detrás, a los sumo agitadores e intimidadores, y a pesar del apoyo que recibe del ridiculismo y de las instituciones, acabará, naturalmente, en fracaso.

Desde la Televisión Pública, la televisión que pagamos todos, el
ridiculismo propaga la especie de que España debe imitar a Bélgica, que absurdo, convertida en república federal con tres idiomas. Es un ejemplo, otro más, por parte de nuestras élites, de no aceptación de que la soberanía reside en el pueblo y en España de manera muy especial y como en ninguna otra parte del mundo. Es un nuevo hito, el enésimo, del ridiculismo. Craso error, harían bien en abstenerse de citar al toro, el pueblo ya mira al bulto. El pueblo español, que por garbancero es sabio, estas cosas las resuelve de un día para otro. Es ponerse. Las alegrías secesionistas de hoy están destruyendo al PSOE y destruirán a los propios secesionistas. La pretensión ridícula de la izquierda, sin tener con qué, de liderar a los secesioismos para conquistar el poder, se ha vuelto por pasiva siendo los secesionistas los que pastorean a ese montón de carne tumefacta, la izquierda. Mañana, día 14, más.
LAS CAMARILLAS
"Es quam dormo que hi veig clar"
José María Dorronsoro
Artículo de José García Dominguez, publicado en Libertad Digital, el lunes 11 de diciembre, y que reproducimos íntegro por sus extraordinaria importancia
S
OÑEMOS que en el ordenador del dirigente etarra José María Dorronsoro hubiera aparecido un documento titulado “Hontza 93-02”, donde se consultara al Comité Ejecutivo de la ETA el nombre de la persona más adecuada para dirigir Egunkaria. En nuestro aletargo, vislumbremos que, una vez obtenido el aval de la banda, el elegido fuera detenido por la Policía y el periódico clausurado, al establecer el Juzgado Central de Instrucción número 6 que esta publicación formaba parte del entramado económico de la ETA. Entre sombras, intuyamos al directivo anunciando haber sufrido torturas. Y pongamos a Morfeo por testigo de que el Juzgado Central de Instrucción de la Audiencia Nacional hubiese decidido archivar –por injustificada– la denuncia presentada por tal espectro. Sigamos fantaseando entre ronquido y ronquido. Presenciemos ahora que, mientras otros tres miembros del Consejo de Administración de Egunkaria permanecen presos por presunta colaboración con la ETA, el director del tinglado aprovecha su libertad condicional para recabar complicidades en la Cataluña del Tripartito.

Así, amodorrados, contemplemos la película de su llegada triunfal a Barcelona. Gocemos de los primeros planos del encausado agasajado con todos los honores por Antonio Franco y su alter ego, el baranda del Avui, bajo un cartel que rece “Por la libertad de expresión”. Recelemos entre brumas de que, acto seguido, el nuevo presidente del la Generalidad, Pasqual Maragall, sentenciara: “El cierre del diario Egunkaria es un hecho grave y creo personalmente a su director, Marcelo Otamendi, cuando dice que fue torturado”. Luego, aún idos, representemos mentalmente a su antecesor, Jordi Pujol, eligiendo otro homenaje nacionalista a esa publicación filoetarra –el de Òmnium Cultural– como escenario para su postrer discurso institucional. Después, rememoremos alucinados a Pipo Carbonell –el del CAC que ansía cerrar la COPE–, recitando una moción en el Parlament contra la Justicia y a favor, claro, de ese justiciable. De paso, visualicemos a todos los diputados que defienden el Estatut asintiendo con sus votos entusiastas a la proclama abertzale de Pipo.

Más tarde, viajemos en el sueño a la hemeroteca, y atisbemos allí que Berria, la renovada cabecera que hereda el espíritu y la plantilla de la clausurada, cuenta con una variadísima presencia de accionistas catalanes. Como, por ejemplo, el Colegio de Periodistas de Cataluña (sí, sí, el Colegio de Periodistas de Cataluña). O como la UGT local (sí, sí, la UGT catalana, ese presunto sindicato que dirige el ex diputado del PSOE José María Álvarez). O como la rama juvenil de la UGT (sí, también la rama juvenil de la UGT doméstica). O como ERC. O como la Convergencia de Mas. O como la partida de Duran LLeida. Y, por fin, al despertar a la vigilia, ante una postal navideña de Perpiñán, recordemos aquel verso sublime de Foix:
És quan dormo que hi veig clar.
Ojalá
FRANCIS BACON
Francis Bacon



[c] COPIALIBRE. Autorizada su reproducción. No es necesario citar la fuente.
Cazurra Bit se inspira en seis principios: 1) ¿dar puntada sin hilo?;
2) si te muerdes mucho la lengua te desangras; 3) el futuro nunca espera;
4) el País Cazur; 5) la transparencia es bella; y 6) esto no es jauja