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NOTA: Las secciones 'Diario de a bordo' y 'Ojalá', se renuevan los martes, miércoles, jueves y viernes. La sección de 'El Púgil' se renueva todos los martes.
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En defensa de los españoles
El coloso. Goya. El cuadró se ha relacionado con unos poemas patrióticos de Juan Bautista Arriaza, publicados en 1808, 'Profecía de los Pirineos' que describen cómo, de las montañas fronterizas entre España y Francia, surgiría un gigante, genio protector del reino hispano, que se opondría victorioso a los ejércitos del tirano Napoleón.
ANTONIO YUSTE
LOS ESPAÑOLES estamos siendo sometidos, en pleno siglo XXI, a un genocidio cultural escalofriante con el consentimiento de todas las instituciones del Estado y con aplicación de una violencia institucional máxima. Los españoles estamos siendo sometidos a un proceso de extrañamiento cultural, histórico y lingüístico, sistemático y estructural de raíz despótica para sustituir nuestra lengua, historia y cultura, la que nos permite abrazar el mundo contemporáneo y relacionarnos con el futuro, por la glorificación de las tinieblas que nos propone el gallego, el catalán y el euskera, lenguas y culturas atrapadas en el pasado. Se lo quiero contar con cierto método y antes tengo que hablarles de las circunstancias políticas y jurídicas que lo han hecho posible. No es posible lo uno sin lo otro.

Los españoles estamos obligados por Ley a muchas cosas. Son leyes que nos hemos dado a nosotros mismos o mejor, que en nuestro nombre, en nombre del pueblo español, las burocracias partidarias y más que nada sus jefes, han promulgado. Y aceptando que estamos obligados a su cumplimiento tenemos que aceptar, por escrúpulo moral, que el grado de desconfianza hacia el poder ejecutivo, legislativo y judicial se ha deteriorado a tanta velocidad y con tanta fuerza, al punto de producir alarma social. ¿Cómo se ha llegado a este punto de deslegitimación institucional? No es un tema que convenga despachar con cuatro frescas y a otra cosa o acudiendo al recurso de ahuecar el sobaco para esconder la cabeza y negar la mayor. Doy por sentado que nuestra clase política, con los matices que se quiera, acudirá al viejo recurso de arrojar los problemas reales a la poza séptica para que se pudran, concentrando sus esfuerzos en proteger la particular cuota de poder de las distintas burocracias partidarias.

Conviene recordar, alguien lo tiene que hacer, que la deslegitimación cuando se produce tiene raíces fenomenológicas, sucesión de acontecimientos con su particular significación. La deslegitimación está uncida a un proceso emocional, necesidad de apartarse del mal, solución inmediata, y a un proceso histórico, necesidad de reparar el mal, necesidad estructural cuando apartarse no es sencillo.

A la clase política se le llena la boca hablando de su legitimidad e invocando aquí y allá su condición de representantes de la soberanía popular. Su exhibición de legitimidad es infame y destila impostura por los cuatro puntos cardinales. Saben muy bien que la invocación del pueblo español es, en la práctica, una astucia legal para legitimar un modelo institucional cerrado orientado a dominar a los españoles, a mangonearnos y a nuestra humillación sistemática negándonos entendimiento y capacidad para administrar nuestras vidas y nuestro futuro político. El régimen actual es un Estado de Derecho constituido por partidos políticos, no por ciudadanos libres, y de eso jamás hablan. Jamás hablan de la pésima calidad de las instituciones, subordinadas a las burocracias partidarias y con una tendencia natural al disparate institucional. No quieren hablar de la tenebrosa Ley Electoral que se dieron a sí mismos, no lo hacen de los reglamentos que convierten los poderes legislativos en correas de transmisión de las burocracias partidarias y a los representantes del pueblo en guiñapos. No quieren hablar del modelo institucional sancionado por la Constitución que convierte a los poderes del Estado, los que debieran estar separados, en auténticas gariteras.

De eso no quieren hablar. Quieren hablar de lo que les conviene, de su condición de representantes de la soberanía popular, que en su boca siempre suena a lo mismo, a acto despótico, da igual el tono en que sea pronunciado, con maneras serenas o vehementes, el humo que deja, es seguir el rastro, conduce a una hoguera en la que ardemos a fuego lento los españoles. A nadie engañan cuando invocan su condición de representantes para continuar cada uno a lo suyo, a seguir conquistando espacio e influencia para las coimas y entuertos, regla suprema en las gariteras.

Los españoles nos hemos convertido poco a poco, no importan nuestras necesidades vitales, nuestra pasión por la libertad, nuestra capacidad de discernimiento, nuestra condición de pueblo de orden, nuestra capacidad para el trabajo, en un yacimiento de oro para las burocracias partidarias que tienen entre ceja y ceja un único propósito, el asalto a la caja pública para mangonearla a placer a base de aplastarnos y reírse de lo que en teoría les legitima, los españoles.

Los españoles, los hispanohablantes, siendo abrumadora mayoría, hemos aceptado voluntariamente el rescate desde el español de lenguas autóctonas que en su momento por razones variadas, siempre por falta de habilidades sociales y método científico, no supieron evolucionar, el gallego, el vasco, el catalán, el valenciano y el mallorquín. El pago recibido por nuestra mejor actitud ha sido la humillación sistemática y el sometimiento. Un sometimiento que se justifica invocando el pasado para aplastar a nuevas generaciones. Si la invocación del pasado es sobretodo torticera, pero también falsa y truculenta, produce estremecimiento su generalización sobre las nuevas generaciones. La lengua española está siendo aplastada con violencia institucional en Cataluña, País Vasco y Galicia. En dichos territorios, al que debe sumarse la Comunidad Valencia y las Islas Baleares, se está sometiendo a los españoles a una violencia institucional, de factura totalitaria, en pleno siglo XXI, escalofriante y con el plácet de todas las instituciones del Estado. En dichos territorios se está sometiendo a los españoles a un proceso estructural, imperativo, sin posibilidad de ser esquivado, para inducirnos un extrañamiento de nuestra propia lengua, cultura e historia para abrazar, demonios, la glorificación del arado y las tinieblas, una cultura atrapada en el pasado y parasitada en el presente por la ignorancia cultural, científica y política.

Los ignorantes, liderados por los asesinos, se han alzado con todo el poder para destruir y someter a los españoles, apoyándose en un aberrante modelo institucional, caótico y destructivo, hecho a medida de esta nueva forma de despotismo que consiste en invocar una falsa soberanía popular para organizar el extrañamiento general de nuestra historia, cultura y lengua. Los partidos políticos olvidan que lo que es España , en su totalidad, es obra de los españoles y que seremos los españoles los que, con mejor criterio, intentaremos reponer la razón, la justicia, la libertad y nuestras propias convicciones.

Deben ser revocadas todas las leyes que hacen posible el totalitarismo lingüístico al servicio del catalán, vasco y gallego y deben ser perseguidos penalmente como agentes de un genocidio cultural sin parangón, practicado en pleno siglo XXI, todos los responsables políticos que por acción u omisión han permitido semejante salvajada. Los españoles estamos legitimados para desobedecer el totalitarismo lingüístico y para responder desde nuestra lengua, el español, a la glorificación de las tinieblas que nos propone el catalán, vasco y gallego. Se avecinan tiempos de desobediencia civil, vamos a necesitar algo más que el boicot. Necesitaremos generar un discurso político de sustitución para volver a la senda de la cordura, de la razón, para perseguir el futuro, para rehacer nuestro modelo institucional, para abrazar la Libertad, la Libertad y la Justicia con mayúsculas, y conseguir que los partidos jueguen el papel que les corresponde, el de intermediarios sociales y no el de usufructuarios de todos los poderes del Estado.

Los partidos políticos que conocemos no forman parte de la solución, son el núcleo del problema, no se aclaran o se aclaran demasiado, problema que se agrava cuando nos referimos a los partidos nacionalistas. El Estado debe estar al servicio de los españoles, de los ciudadanos, no de los partidos. Son muchos los intereses, todos inconfensables, internos y externos, para reducir los españoles a escombros, para reducirnos a caricaturas de nosotros mismos. No está escrito en parte alguna que estemos en tiempo de reparación, de poder reparar los daños. A veces los daños son irreversibles. El daño ha sido mucho y los destrozos están siendo espectaculares. El miedo generado por la violencia criminal e institucional ha sustituido a la Libertad. Si les digo, por respeto a nuestra deteriorada autoestima, la poca que ya queda, que estamos obligados a intentarlo. Mañana, día 8, más.
VIOLENCIA
Hugo Chávez y el abismo
Base social de Chávez
L
O QUE ESTÁ PASANDO en Venezuela huele a sepelio da igual por donde se mire. Lo ocurrido en las últimas elecciones es lo más parecido a una exequias fúnebres. Venezuela es una república petrolera en manos de gente arrojada, temeraria, cuyo valor está puesto al servicio de objetivos maleantes. Hugo Chávez ya tiene todo el poder, el poder absoluto. Le aconsejo que si tiene que festejar algo celebre una honras fúnebres por su régimen. Anteriormente la República de Venezuela fue saqueada por determinadas familias y burocracias partidarias, ahora le ha tocado el turno a los militares y a la burocracia bolivariana, el engendro político que lidera el conmilitón Hugo Chávez. El único problema es, precisamente, que Venezuela es una república petrolera con gran peso en el mercado internacional cuyos gestos y decisiones no dejan indiferente a nadie.

El comunismo que fracasó en la Unión Soviética borbotea moribundo, paradojas de la política, al rebufo de regímenes totalitarios y bolsas electorales amamantadas al calor de los dólares que muy generosamente repartía la Unión Soviética para levantar a las jóvenes generaciones contra el imperialismo
yankee. Es un fenómeno sorprendente que forma parte de los efectos colaterales de la caída de la Unión Soviética. Chirac se ha erigido en heredera de dicho esfuerzo propagandista, al que contribuye con un celo y dedicación que produce pasmo y mucho vértigo y el actual vecino del Kremlin, Putin, trabaja a su vez para resucitar el pasado glorioso de la Unión Soviética metiendo las narices en el fangal de antaño. Está escrito que se romperán la crisma. Están fuera de la línea del tiempo y poco importa el nombre del inquilino de la Casa Blanca, si lo tiene o está desocupada o a la venta, Chirac y Putin se romperán la crisma y se lo harán pagar a sus países.

Cuando en Iberoamérica tenían que prosperar las democracias lo que prospera, oh sorpresa, son los regímenes autoritarios emboscados en procesos democráticos. Venezuela, es el caso, avanza a grandes zancadas hacia el abismo. Tantos años de demagogia, de izquierdismo en el corazón del sistema educativo y de populismo corriendo por la venas de las burocracias partidarias, arroja el balance de un país convertido en un auténtico lodazal político
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Ojalá
SHI ZHONG GUI
Shi Zhong Gui



[c] COPIALIBRE. Autorizada su reproducción. No es necesario citar la fuente.
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